Los emprendedores y el peligroso chulco
Llegan los jóvenes en motos a cobrar cada día en los negocios y mercados a los clientes que pidieron un pequeño capital para inyectarlo en la compra de mercadería, pagar arriendos o adecuaciones. En una economía de guerra diaria que enfrentamos los ecuatorianos desde hace décadas, instalar un restaurante, cafetería o brindar una infinidad de productos o servicios es un desafío. Muchos acuden a los chulqueros como última alternativa, cuando se han cerrado todas las puertas y la carencia de efectivo paraliza los emprendimientos.
Si bien es cierto el consumo fluctúa por temporadas y hay fechas que nos vuelven más generosos, en donde las tarjetas revientan, se puede evidenciar que los ecuatorianos estamos consumiendo menos alimentos, gastamos poco en diversión, viajes o ropa porque el dinero escasea. Si no hay clientes los negocios quiebran y, quizás hicieron un estudio de mercado, venden buena comida y la atención es excelente. Existe una inmensa oferta de productos y servicios, pero la demanda decrece y ahí viene la desesperación de los emprendedores que acuden a los chulqueros porque creen resolver los inconvenientes más rápido.
Es importante y oportuno que la banca privada y pública que facilitan créditos a emprendedores, adapten sus mecanismos, intereses, tiempos y más condiciones, entendiendo el momento económico que vive el país. También es valioso que la banca oficial robustezca la información para volver más amigable su gestión y posicione en la conciencia social que los chulqueros son nocivos, peligrosos y los esfuerzos por levantar sus negocios se pierden pagando intereses de hasta el 20% mensual o más.
Por otro lado, siempre será más que una moda una necesidad imperiosa que los emprendedores se capaciten en marketing digital, se informen sobre tendencias de mercado y consumo. Los cursos y talleres que organizan en los municipios o las prefecturas son una buena opción, pero ya no pidan dinero a los chulqueros.










